Siempre hay una primera vez para todo, en especial en un deporte tan dado a las sorpresas como el tenis. Lo sucedido a la conclusión de la final masculina del US Open es lo más surrealista que se ha visto en una celebración de un título de Grand Slam.

De hecho, Alexander Zverev, el vencedor, no demostró ningún tipo de alegría al ganar el octavo juego del cuarto set porque pensaba que le faltaba un juego. Por eso mandó las pelotas al otro lado de la red y estaba dispuesto a restar. "Pensé que íbamos 5-1, sinceramente. Supongo que me ayudó, porque, de saberlo, habría cometido tres dobles faltas en lugar de una".

Fue el ruido de la grada y la presencia de Ben Shelton en la red lo que le alertó de que la final había acabado.