La central Arthur Ashe llenó el domingo las 23.000 localidades esperando ver ganar a un tenista local por primera vez en 23 años. Toparon con una cruda realidad. Alexander Zverev es mucho mejor que Ben Shelton. Lo dice el resultado de la final (6-3, 7-6 y 7-6) y 6-2, y lo decían las estadísticas previas. Los cinco precedentes entre ambos habían caído del lado del alemán, que encadenaba 10 sets.

Gracias a su coronación en junio sobre la tierra de Roland Garros, Zverev es otro, más liberado y con menos presión. Ahora nunca hubiese perdido el duelo neoyorquino de 2020 con Dominic Thiem después de anotarse las dos primeras mangas.

Desde Andy Roddick, en 2003, ningún americano ha estado ni cerca de levantar el trofeo. No lo estuvieron Andre Agassi y Roddick, en las ediciones de 2005 y 2006 que cedieron ante Roger Federer. Y tampoco Taylor Fritz en la final de hace dos campañas frente a Jannik Sinner. Han pasado 8.407 días desde el éxito de 'A-Rod' y más que van a pasar.

Shelton por perder, perdió hasta el primer servicio del partido. Si no era fiable con su mejor arma, no tenía nada que hacer. En la semifinal con su compatriota Frances Tiafoe había establecido el saque más veloz en la historia de los Grand Slam. Pero los nervios de una gran final son otra cosa. Estaba pagando la novatada.

Sascha, como todo el vestuario del circuito masculino, conoce el agujero que tiene el zurdo de Atlanta con su revés. Hacia ese lado le tiraba insistentemente el alemán.

El ruido, ya de por sí ensordecedor de la central del Billie Jean King Tennis Center, era menos gracias a que la lluvia dio una tregua y se pudo jugar con el techo abierto.

Nadie ha ganado más partidos que Zverev en 2026, con 53, de los que 25 corresponden a los 'majors'. Es el décimo tenista que hace valer su condición de primer favorito del cuadro en la Era Open (1968).

La consecución del tie break del segundo set aceleró el desenlace por mucho que Shelton se fue a perder el tiempo al vestuario. Es difícil ganar una final si no dispones de una sola pelota de rotura hasta las 2 horas y 19 minutos de juego.

Ben, inferior desde el fondo de la pista, pasó al ataque total con constantes subidas a la red. La nueva táctica tuvo premio porque a su rival empezó a darle eso del miedo escénico. En el tenis hay que proponer y el de Hamburgo no estaba ofreciendo nada.

Le salvó un primer 'break' en el inicio del cuarto asalto, que le ayudó a templar sus nervios.