Hasta ahora, las prohibiciones y/o restricciones a las apuestas deportivas por internet -que se han convertido en uno de los 'poderes fácticos' del deporte moderno por el ingente volumen económico que movilizan– era cosa de países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar o Irán, por su tradición islámica y algunos estados de India o China y Corea del Norte.
A estos estados se une ahora ahora otro de gran peso tanto en volumen económico como en la actividad deportiva: Brasil. No sólo el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha anunciado la prohibición en el país de las apuestas deportivas y los casinos en línea, a nueve días de las elecciones presidenciales y legislativas sino que el candidato opositor, el ultraderechista Flavio Bolsonaro, apoya en parte la iniciativa.
El mandatario ha anunciado la prohibición definitiva de todas las apuestas digitales, a partir del 6 de octubre, y la publicidad de sus empresas, por medio de un decreto que entrará en vigor en cuanto se publique en el Diario Oficial, aunque el Parlamento tendrá que convalidarlo en un plazo máximo de 120 días. Además, se tipificará esta actividad como delito contemplado en el código penal.
El motivo fundamental es que el presidente Lula da Silva y su gobierno atribuyen a las apuestas un importante papel en el crecimiento del endeudamiento de las familias, acusándoles de "estar destruyendo millones de hogares" al transformar "el vicio en beneficio económico". Además, se ampliará el actual programa de renegociación de deudas. No entra en este debate, por tanto, las amenazas e insultos a muchos deportistas por parte de apostadores incompetentes al ver fallar sus pronósticos.
Las casas de apuestas en línea se legalizaron en Brasil en 2018 pero tuvieron su primera regulación en 2023, ya con Lula en el poder. Según informa Efe, en 2025 cerca de 25 millones de brasileños apostaron 220.600 millones de reales (42.500 millones de dólares / 37.150 millones de euros al cambio de hoy) en apuestas deportivas y casinos en línea.
Las empresas afectadas señalan que esta decisión irá en contra de la protección a los jugadores. En un manifiesto conjunto han señalado que la gran mayoría de brasileños apuestan de modo responsable y que ya trabajan en la prevención del endeudamiento de la familias: "el mercado legal impide que 3 millones de beneficiarios de programas sociales apuesten y ya atendió 1,2 millones de pedidos de autoexclusión", además de señalar que los apostadores recurrirán ahora a portales ilegales, donde no existe ningún tipo de protección. Algo que sucede, por otra parte, en muchos de los otros países que han prohibido la actividad. La medida ha sido también criticada por clubes de fútbol, muchos de ellos patrocinados por portales de apuestas. De hecho, el campeonato Brasileirao lo está por el portal Betano.
Lula ha comparado a las apuestas con la drogadicción: "es algo espeluznante; me recordó al comienzo del 'crack' en este país. Las apuestas en línea son lo mismo, pero a un nivel muy superior porque son digitales y están al alcance de la mano".
El senador y candidato opositor Flávio Bolsonaro, hijo del anterior presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, condenado por los tribunales por planear un golpe de estado, acusó a presidente de "estafa electoral", dado que su gobierno cobró impuestos a las empresas de apuestas tras su legalización. Sin embargo, ha anunciado que si es elegido presidente abolirá los casinos virtuales, aunque no aclaró si permitirá las apuestas deportivas.
