Carlos Alcaraz ha atendido a los cientos de medios desplazados a Nueva York nada más terminar el partido. Y lo ha hecho con una sonrisa en su rostro porque ha dejado atrás la lesión de la muñeca derecha que le tuvo parado 139 días.

"Me voy con la cabeza alta, contento y sano. He jugado contra una bestia. Tengo ganas de volver a casa y entrenar para lo que me queda", reflexiona.