Carlos Alcaraz, a sus 23 años, está a una sola victoria de desempolvar los libros de historia del Open de Tokio. El murciano se encuentra a un partido de revalidar el título y convertirse en el primer tenista que defiende la corona desde Pete Sampras (1993-94). Se le permite su victoria en la semifinal ante Jaume Munar, por 5-7, 6-3 y 6-1.
Es la cuarta final del curso para el fenómeno de El Palmar y la primera desde que volvió tras la lesión en la muñeca. Una muestra más que el percance físico está más que olvidado.
Ya son 36 finales en el circuito, el quinto español con más dentro de la Era Open. Por delante restan Rafael Nadal (131), Manuel Orantes (72), David Ferrer (52) y Carlos Moyá (44). Carlitos se une al club de Nadal y Orantes con dos últimas rondas en la capital japonesa.
Alcaraz se confirma como el gran azote de su Armada. De los 24 partidos frente a compatriotas, ha decantado 21 a su favor. Una de las tres derrotas había sido ante Munar.
Pero había que remontarse a la semifinal de Marbella 2021. En ese escenario, el murciano era un tenista en formación. Ahora es un campeón de siete grandes que en Tokio se ha abonado a las remontadas.
Carlitos parecía romper la semifinal con el primer break en el séptimo juego. Munar, que no se rinde nunca, no lo iba a hacer tampoco esta vez. El mallorquín perdía por 5-3 y encadenó cuatro juegos y dos roturas que le dieron el primer set.
Se lo facilitaron dos dobles faltas seguidas del murciano para un total de cuatro en el parcial. "¡16 puntos seguidos! Es muy difícil jugar así", le decía a su equipo presente en la primera fila del Ariake Coliseum.
El pupilo de Samuel López firmaba un 33 por ciento de puntos ganados con el segundo servicio. Por ahí se entendía la reacción de su adversario.
Alcaraz se hizo con el saque de Jaume en el juego inicial de la continuación. Los dos, a su manera, se quejaban a sus banquillos por su actuación. "Atraviésala, pégale una hostia", le advertía Samu.
El número tres mundial cedió por tercera vez seguida su servicio y estuvo a un punto de cederlo una cuarta. Es una realidad que se encuentra más cómodo en el resto. Desde el fondo de la pista y en la red, su tenis sí que le responde.
El campeón se agarraba al cemento y situaba un favorable 3-1. Munar le exigía al máximo y recordaba la versión del tenista que llevó a España a la final de la última Copa Davis. La convocatoria para la próxima fase final de Bolonia es la más cara de la historia.
Carlitos acabaría por firmar las tablas en el marcador ante el deleite de la grada. Los dos protagonistas se fueron a los vestuarios antes del asalto final para cambiar sus vestiduras.
La resistencia numantina de Munar provocaría la tormenta perfecta de su condecorado contrincante. En un visto y no visto, el tanteo era de 5-0.
